Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

CÓRDOBA EN EL CONGRESO DE TUCUMÁN (1816)

Por Rafael Garzón

 

LA SITUACIÓN DEL PAÍS EN ESA ÉPOCA

 

La situación del país era diferente en distintas regiones. Buenos Aires, a través de su actividad portuaria basada durante años en el contrabando había crecido desproporcionadamente, lo que le permitía un protagonismo descollante.

 La capital de la Liga Federal estaba en una ciudad minúscula que se llamaba  Purificación. Fue conocida por Robertson,  un  viajero y turista en teoría. pero que oficiaba como espía inglés, en contacto permanente con el Foreign Office, dentro de los límites imaginables en esa época. En el año 1815,  Robertson escribía  diciendo que  Purificación estaba constituida por un grupo humano de aproximadamente 1.500 personas,  en donde se vivía una vida muy modesta. Allí José Gervasio Artigas estaba permanentemente escribiendo y recibiendo cartas, y llegando y saliendo  correos constantemente. Robertson inclusive describe las costumbres y el vestido de la gente del poblado  (Del Ciclo Artiguista, por Washington Reyes Abadi y col., tomo 3, pág. 20): “En este campamento, recontó Robertson alrededor de 1500 secuaces andrajosos. No podía ser  más sumario su atuendo, un  miserable saco, un poncho recogido  en la cintura como las enagüitas  de los escoceses montañosos, y otro poncho que caía de los hombros  completaban  juntamente con un gorro de cuartel, un par de botas de potro, grandes  espuelas, un sable, un trabuco y un cuchillo, el vestuario del artigueño”.

 Tal como lo describe Robertson, la base del vestido eran dos ponchos, uno arriba y otro abajo. Y sigue: “Pero no faltaban en cambio numerosas tropas de ganado y abundantes pastos para las caballadas”. Esto descripción concordaba a la perfección con el concepto que de los artiguistas se tenía en Buenos Aires, en donde se los veía claramente como “secuaces andrajosos”.

La vida en Buenos Aires era muy distinta. Después de la caída de Alvear, el día 20 de abril de 1815 se organizó un Cabildo Abierto y se eligió allí una Junta de cinco miembros a la que se denominó “Junta  de Observación”. Esa Junta debía elegir al Director  Supremo y promover el Estatuto Provisional, que  ya había sido presentado a Alvear con fecha del tres de abril, fecha de Fontezuelas, estando  allí  determinada la función que debería desempeñar cada uno de los miembros del gobierno. 

José Gervasio Artigas, entonces también ilusionado,  pecó también a su vez de ingenuidad y el día 22 de abril de 1815 escribió a San Martín  diciendo “La guerra civil ha terminado”. Esto es importante recordarlo: “guerra civil”, completamente desconocida en nuestra historia escolar, contienda producida por gruesos errores políticos del puerto. Entonces envió al Cabildo de Buenos Aires un oficio de hermandad con plácemes y congratulaciones. 

 El Cabildo de Buenos Aires, para contestar estos gestos de amistad, ordenó quemar en la Plaza de la  Victoria un bando inspirado por Alvear que había sido impreso el 5  de abril de 1815 contra José Gervasio Artigas, en  donde se lo trataba como a un perdulario, y que  no había  alcanzado a ser distribuido. Pero  ¿cuándo había sido impreso este bando, si Fontezuelas había tenido lugar el día 3? Recordemos que viendo la turbulencia que se le venía a encima, Alvear trató de aferrarse al gobierno apelando a cualquier procedimiento , y obligó al Cabildo a lanzar un manifiesto acusatorio contra Artigas, que no se  pudo distribuir finalmente, porque pocos días después se produjo el levantamiento de Soler.

 Ante todas estas muestras de aparente buena voluntad, Artigas  escribió al Cabildo aceptando el desagravio pero aclarando  que él  consultaría al pueblo confederado  bajo su protección, en la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y algo de Santa Fe, para  ratificar la aceptación de las nuevas autoridades electas en Buenos Aires: el Director Supremo José  Rondeau  y  el Suplente, Ignacio Álvarez Thomas.

 Artigas  manifestaba de esta forma una vez más la idea de que el poder político proviene siempre del pueblo y no de las armas. Y que las provincias tenían derecho a opinar.  Esto, por cierto, sabiendo de antemano que su propia opinión  sería decisiva, pero cumpliéndose  una consulta que consideraba indispensable.

 Debemos recordar en este momento que después de la batalla de Guayabas en donde José  Gervasio Artigas triunfó, y Alvear le ofreció la independencia de la Banda Oriental por intermedio de Elías Galván, los porteños no triunfaron en la Banda Oriental. .Buenos Aires posteriormente reiteró el ofrecimiento de independencia por  una comunicación de Guillermo Brown. Artigas escribió posteriormente al gobernador de Corrientes: “Buenos Aires ha engañado al mundo y excita nuestros temores por la publicidad con que enarbola  el pabellón español”. Remarquemos lo que escribió Artigas en 1815, cuando gobernaba Alvear. “Buenos Aires...enarbola el pabellón español.” Está claro, verdad? No enarbolaba la bandera argentina, que supuestamente alguien dice, en una afirmación absurda, que flameaba ya en Córdoba.

 Recordemos también, que ya las autoridades del puerto habían  mandado delegados para lograr la restauración de  una monarquía  española bajo Francisco de Paula. Desde luego Artigas no había sido informado de estas gestiones pero por su intuición política vislumbraba que algo importante estaba ocurriendo. Y sigue diciendo : “Para disimular levanta en secreto la bandera azul y blanca (subrayamos, azul y blanca) . En mi cuartel  vamos anarbolar una bandera, blanca en el medio,  azul en los dos extremos  pero además de esto, unos listones  colorados, signo de distinción de nuestra  grandeza, de nuestra decisión por la república y de la sangre derramada para sostener nuestra libertad y la independencia”. Esa es la bandera  artiguista que en el año 1815 tremoló aquí en Córdoba. Recordemos que José  Javier Díaz gobernó desde el día  29 de marzo de 1815 al  23 de septiembre de 1816.

 En ese mismo momento se anunciaba en Europa con bombos y platillos la próxima salida hacia estas tierras de un ejército español muy importante que finalmente lo haría hacia el Norte, a Venezuela. 

     El 11 de mayo de 1815 Álvarez Thomas escribió a Artigas invitándolo a negociar, enviando por su parte dos delegados: el Cnel. Blas José de Pico y el Dr. Francisco Bruno de Rivarola.  Y acá será preciso afinar la atención para tratar de fijar algunos detalles  importantes. Por de pronto, García, enviado por Posadas ante la corte lusitana, no fue removido. Estaba muy posiblemente ya concertando una participación armada contra Artigas, y siguió desempeñando sus funciones como delegado oficial del gobierno de Buenos Aires. Y ahora sí, después de recordar estos antecedentes fundamentales, circunscribámonos a la nueva misión diplomática porteña.

     La entrevista Pico-Rivarola tuvo lugar durante  dos días, el 16 y 17 de junio de 1815 en la Goleta Fortuna frente a Paysandú. Artigas presentó en ese momento catorce artículos que llevaba preparados.

 El Art. 1º establecía un pacto de alianza defensiva y ofensiva con todas las  provincias que debían tener igual dignidad entre sí. El proyecto incluía  lógicamente a Buenos Aires, pero por razones obvias,  esto de la “igualdad”, a la Capital de las Provincias Unidas no le resultaba muy simpático . 

 Desde el  Art. 2º hasta el 12º se establecían una serie  de obligaciones que Buenos Aires debía reconocer. Y esto a mi modo de ver, fue un grave error  político de Artigas, pues circunscribió la acción futura del gobierno central con respecto a Artigas, a la lucha armada. Pero éste fue particularmente serio: exigía de Buenos Aires reparaciones de guerra, y estas  consistían primordialmente en  dinero contante y sonante. De esta manera, Álvarez Thomas que hasta  ese momento había optado por intentar  hacer las paces con Artigas, y seguir adelante con él, a partir de ese  instante se dio vuelta, adoptando una postura beligerante.

         Además Artigas, en su  ingenuidad, llegó a pedir  que Buenos Aires devolviese armas, municiones y  bombas que había sacado de Uruguay. Tenía que restituir además lanchas cañoneras de las que se  había apropiado. Y también una imprenta que antes tenía Uruguay y que había sido llevada a Buenos Aires.  De igual forma, el vecindario de la Banda Oriental y otras provincias debería ser resarcido, los bienes confiscados reintegrados y las exacciones del año 1814 devueltas. Y eso no era todo. Además Buenos Aires debería reconocer una deuda de doscientos mil pesos que debería pagar en dos años. 

 Pero además debía abonar lo que había confiscado para abastecer al ejército porteño: trigo, ganado y bienes en general.

         Artigas, desde luego, no recuperó nada de lo solicitado. Pero lo que sí logró fue encrespar a todo el grupo porteño de indecisos y dubitativos, uniéndolos a los numerosos enemigos que ya antes tenía, en un frente común, y  a partir de ese instante, todos juntos, empezaron a defender su propio interés económico. El planteamiento de Artigas fue realizado el 16 de junio. El 17  Pico y  Rivarola  ofrecieron a Artigas por escrito la  contestación de Buenos Aires en ese momento. Y esto es textual: 

“Buenos Aires reconoce la independencia de la Banda  Oriental del Uruguay renunciando a los derechos  que  por el antiguo régimen le  pertenecían. Corrientes y Entre Ríos quedan en libertad de elegir o  ponerse bajo la protección del gobierno que gusten”.  

Vale decir, Buenos Aires invitaba a la secesión.  Eso sí, Santa Fe no entraba en la concesión, porque por tener un puerto, la misma era riesgosa para Buenos Aires. Y tampoco Córdoba. Básicamente, Buenos Aires parecía resignarse a aceptar en Artigas un deseo de protagonismo, de liderazgo pueblerino, que ya había causado dolores de cabeza. Para el gobierno central, aparentemente toda exigencia vinculada a un federalismo incipiente, era sólo una cortina de humo destinada a  proteger y disimular ambiciones personales.  

A todo esto, para preparar el congreso artiguista, el “de Oriente” que se llevaría a cabo en  “Arroyo de la China” –actual concepción del Uruguay- el día 13 de marzo de 1815, Artigas había pedido al Comandante General de Misiones, Andresito, que mandara un  representante de cada pueblo indio para que fuera su diputado. Por distintos motivos los  aborígenes no se pudieron incorporar a tiempo, a pesar de que Artigas el día 29 de abril reiteró el pedido.  Recordemos también que la Banda Oriental estaba representada en el  Congreso artiguista, pero no así Montevideo,  en conflicto con Artigas. El 29 de junio de 1815, un año antes de que en el Congreso de Tucumán, en el Congreso de Arroyo de la China se declaraba la Independencia total de las Provincias Unidas y consideraba la  unión libre e igualitaria con Buenos Aires. 

Al mismo tiempo Artigas protestaba al Cabildo. El 1º de agosto de 1815, Álvarez Thomas contestaba a los delegados artiguistas que las  propuestas eran inadmisibles y que  de ninguna forma se podían aceptarse. Antes de regresar los delegados  solicitaron una vez más hablar con Álvarez Thomas, pero éste no los recibió y designó al Dr. Antonio Sáenz para dialogar con los enviados. Los diputados, buscando un consenso de mínima, plantearon entonces una sola proposición: que se firmase un documento que estableciese que habría paz entre el gobierno de Buenos Aires y José Gervasio Artigas.  Era tan elemental lo que se solicitaba que daría la impresión  que todo el mundo debería estar de acuerdo y se podría firmar sin problemas si es que no había doblez en las tratativas. Pero es que la campaña de Viamonte estaba ya en marcha, razón por la cual   Antonio Sáenz  rechazó el acuerdo, bajo el pretexto de que hablaba “del Gobierno de Buenos Aires”, debiéndose aceptar que era de todo el país.  

Sáenz entonces presentó una contra propuesta ya rechazada anteriormente: Secesión de los territorios  artiguistas. El límite de la nueva nación sería el río Paraná y después de la aceptación del nuevo estado de cosas, comenzarían las discusiones en el  Congreso de Tucumán pero ya entre dos países independientes. 

Tiempo desoués, Álvarez Thomas, luego de la derrota de Viamonte, comenzaría a formar un nuevo ejército para atacar a Artigas y encargaría su dirección a Manuel Belgrano. Se le llamó Ejército de Observación.  

En el  Carcarañá, Belgrano encomendó a Eustoquio Díaz  Vélez,  su Jefe de Vanguardia, que intentase arreglar  de alguna manera diplomáticamente el diferendo con Artigas. Vale la pena señalar en este punto que Díaz Vélez era primo de La Madrid. El día 9 de  abril de 1816, el jefe del ejército de Belgrano firmó con  delegados de  Artigas lo que se llamó el Pacto de Santo Tomé. El arreglo había sido sencillo, pues el pacto especificaba el acuerdo de  deponer a Belgrano y también a Álvarez   Thomas.  

Se nombró entonces un nuevo Director Supremo interino que fue don  Antonio González Balcarce. Éste iría a asumir después, no de inmediato, recién cuando  Álvarez Thomas se diera por enterado de que lo habían depuesto.   

 

LA SITUACIÓN EN CÓRDOBA 

Mientras tanto seguían subsistiendo, en algunas provincias, grupos familiares  que tenían posibilidades de exportar o de importar desde Buenos Aires, gracias a las enormes posibilidades del empresariado británico. Tenemos que conocer esto con gran  precisión, porque de otra forma no podríamos interpretar la existencia de grupos que en  determinadas provincias seguían una  postura completamente antagónica a la de la  mayoría y que auspiciaban todo lo que sucedía en Buenos Aires en contra de lo que la gente quería.  En Córdoba por ejemplo los representantes de las familias más importantes de este grupo eran los Funes, pero no por el Deán, permanentemente en Buenos Aires, sino por Ambrosio, el hermano. Lógicamente el Deán hizo lo que pudo en diciembre de 1810 en defensa de las representaciones del interior, pero lógicamente estaba también vinculado a la postura  de pensamiento porteño. Así por ejemplo, el Deán era furibundamente antifederalista,  digámoslo con toda claridad. Y Ambrosio, a  pesar de sostener en un momento determinado a Rondeau y también a Artigas, cambió posteriormente su postura, y al producirse la eliminación  política de José Javier Díaz como consecuencia del levantamiento de Bulnes, Ambrosio Funes,  suegro de Bulnes, fue quien  reemplazara a Díaz . Y don Ambrosio fue designado por Buenos Aires, que actuaba a través representantes y aliados en el congreso de Tucumán.           

En Córdoba, los Funes y los Fragueiro apoyaban a Buenos Aires. Y entre los Fragueiro, Mariano, de gran importancia. Mariano Fragueiro fue, posteriormente, ministro de Hacienda de la Confederación Argentina, cuando se creara el Banco Nacional de la Confederación, y en 1858 fue senador por la Provincia de Córdoba, cargo al que renunció para asumir la gobernación de la provincia (1858-1860). Durante su gobernación, creó la Caja de Depósitos y Comisiones (20/10/1858), antecedente directo del Banco de la Provincia de Córdoba. Y  también  podemos mencionar en este grupo a los García Posse.  

Para recordar con mayor precisión lo que sucedía en Córdoba, vamos a tomar referencias de un libro de Ramón J. Cárcano, llamado “Perfiles  contemporáneos”, publicado en el año  1885. Este libro menciona las familias artiguistas más importantes de Córdoba en 1815. Vamos a leer algunos apellidos mencionados por Cárcano, que en este momento continúan  existiendo en la comunidad: Los Díaz, los de José Javier de Santa  Catalina, los Bulnes, los del Corro, Usandivaras, Recalde, Moyano,  Allende, los  Lascano,  Isasa,  del Valle,  Portillo,  Savid,  Gigena,  Lozano,  Castro,   Baigorrí,  Fragueiro, los Solares.... Y a estos apellidos vale la pena recordarlos, porque esta gente era representante de alcurnia, tradición y  progreso en Córdoba. Constituía el grupo pensante, los doctores formados en su universidad. Y ellos complementaban y daban basamento ideológico a otro núcleo, el artiguista de la Banda Oriental, conjunto completamente  distinto, de gente de pueblo, sencilla, generosa y buena, en donde a veces inclusive había  quienes no sabían leer ni escribir. Ellos no habían estudiado mucho, tal vez, pero estaban formados  en el dolor, la opresión,  la pobreza, y hasta la injusticia. Esta formación austera, le permitió en un momento determinado dejar todo, absolutamente todo y emigrar gustosamente desde la Banda  Oriental, en  lo que se llamó el Éxodo Oriental. En Córdoba, algo similar posiblemente no se hubiera dado, porque el cordobés tenía una cultura distinta, y estaba atado a diferentes posibilidades que le habían brindado su formación universitaria, y limitado en su disposición al sacrificio. En Córdoba ese grupo era capaz de ofrendar su vida, sí, desde luego, y lo demostró muchas veces en el curso de su historia. Pero quizás, especialmente las mujeres, no de soportar estoicamente la humillación diaria de la carencia de las mínimas comodidades de una silla para descansar o una cama para recostarse. El cordobés tenía una cultura distinta y  tenía muy mucho que perder si se hubiera desplazado de un lugar a otro, abandonando para siempre todo lo logrado en su vida, especialmente sus libros y sus papeles.  Pero eso no disminuía su disposición para el compromiso. 

Por eso es que el Éxodo, no se dio  con la misma característica  de la Banda Oriental, en Salta, ciudad con  una alcurnia similar a la de las viejas familias cordobesas. Y  cuando Belgrano impuso el éxodo en Jujuy, lo  hizo por la fuerza, amenazando con fusilamiento a quienes no obedeciesen.  

Había pues en 1815 dos ramas sociológicamente diferentes en el artiguismo. Por un lado, la gente pensante, representada por los universitarios de Córdoba,  estudiantes o togados. Y por el otro, el grupo que afectivamente era capaz de sacrificar todo lo que poseía, constituido por gente de  condición social quizás más humilde, con menores posibilidades económicas, pero con una profunda convicción intuitiva y afectiva de saber escoger lo válido, a pesar de que la elección representase un sacrificio de toda la vida.  

La unión de Córdoba al artiguismo, constituye una alianza de enorme importancia, de trascendencia hasta el día de hoy. La misma convierte a un movimiento independentista y contestatario, en un pronunciamiento doctrinario de gran base ideológica y cultural. Ya no es posible denostar al artiguismo, como constituido por gente ignorante, primitiva y sucia. Ahora son los doctores de la primera universidad del virreinato, los que comparten el basamento ideológico de Artigas. Y el mismo debió ser, seguramente, bueno, ya que en el curso de la historia, es el que terminó adoptando el país: independencia, república, democracia, federalismo.  

Inclusive los aliados de Buenos Aires, en esos tiempos, habían aclarado sus ideas. Ambrosio Funes, hermano del Deán,  hablaba del despotismo de Buenos Aires en la opresión a los pueblos, y del injurioso abandono en que tenía  a los heroicos padres de la patria,  Rondeau y Artigas,  mencionándolos por su nombre directamente.  

En aquellos momentos dos patriotas  cordobeses, Lorenzo Moyano y  Juan Pablo Bulnes, se presentaron a Artigas  con el objeto de informarle de la situación que se vivía en Córdoba, manifestándole que estaban dispuestos a recibirlo cuando  decidiera venir. La situación se conocía perfectamente en Buenos Aires.  

Había dos hermanos Bulnes que eran artiguistas. Se llamaban Eduardo Pérez Bulnes, y el otro, Juan  Pablo Pérez Bulnes. Eduardo representó a Córdoba en el Congreso de Tucumán, debiendo sufrir por su posición doctrinaria mil embates. Su hermano Juan Pablo, ya lo veremos posteriormente, intentó liderar un movimiento para auxiliar a Santa Fe ante la nueva invasión porteña, que según decía el Director Supremo Pueyrredón, no había sido autorizada por el gobierno nacional. El apellido Bulnes es homenajeado en Córdoba y aún en Buenos Aires en calles de importancia. 

 

 

JOSÉ JAVIER DÍAZ EN EL GOBIERNO DE CÓRDOBA 

El  28 de marzo de 1815, el gobernador  intendente de Córdoba, coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, fue intimado por Artigas a retirarse del gobierno en 24 hs.,  bajo amenaza de avanzar con las fuerzas artiguistas  para ocupar la ciudad, como había pasado en Santa Fe. Ese día  28 de marzo, el Cabildo se reunió a la noche, pero no pudo resolver nada, ya que el asunto era muy grave y en esencia, se trataba de destituir a un gobernador que había sido impuesto por Buenos Aires. Como se recordará, Córdoba, ocupada por las fuerzas porteñas en el año 1810, fue intervenida desde entonces, y cada uno de los sucesivos gobiernos, puestos “a dedo” directamente por la capital.  

El día 29 de marzo de 1815 se reunió el Cabildo Abierto que se había programado la noche anterior. Lo hizo las 9 de la mañana y en ese  Cabildo se vio obligado  a renunciar el gobernador don Francisco Antonio Ortiz de Ocampo. Y se eligió  entonces Gobernador-Intendente al coronel José  Javier Díaz que era uno de los miembros  más importantes de la actual familia Díaz que sentó sus  reales en Santa Catalina. Y el 30  de marzo se envió un  oficio al Director Supremo, Carlos María de Alvear detallando lo sucedido. Recordemos que Fontezuelas se produjo el día 3 de abril. Al mismo tiempo se  envió a Artigas dos diputados: José Roque Savid y  José Isasa, para  explicar todo lo sucedido.  

Se  produjo  ese día 30 de marzo algo curioso. Recordemos que el día anterior, 29/3/1815, había renunciado Francisco A. Ortiz de Ocampo, y lo había hecho públicamente, en el curso de un Cabildo Abierto. Pero el ex gobernador posteriormente pasó un oficio, diciendo que era cierto  que había renunciado, pero a la  Intendencia de Córdoba y no a la Gobernación. De esta manera, la  Provincia de Córdoba y La Rioja, que dependía de aquella,  seguirían bajo su mando. 

 Inmediatamente se designó a una comisión especial para que estudiara el caso, no haciéndose lugar a lo argumentado por Ortiz de Ocampo y rechazando su nota. Y se lo dio como directamente renunciado. Y en este momento Ortiz de Ocampo, posiblemente evaluando equivocadamente el poder de Alvear, e intentando evitar su desplazamiento,  cometió un error que lo desprestigió enormemente. Porque él, riojano, gestionó el apoyo del gobierno de La Rioja, sin obtenerlo.  

Así se dio en 1815, el primer gobierno libre que tuvo Córdoba, que  estaba compuesto por un gobernador, el coronel José Javier Díaz, representante del Poder Ejecutivo, pero además, por veinte apoderados del pueblo seleccionados entre la gente más trascendente. Estos veinte  apoderados podían ser consultados sin necesidad de Cabildo Abierto, cada vez que fuere  menester. Sus funciones eran  las de una Legislatura, como si se tratara de una Cámara de veinte personas. El poder Judicial existía desde tiempo atrás.  

El día 20 de  abril de 1815 el Dr. Savid escribió a  José Javier  Díaz para manifestarle el beneplácito de Artigas por la declaración que  había dado a conocer el gobernador el día 7 de abril de 1815. ¿Cual era esa declaración?  Declarar la Independencia de Córdoba, del gobierno de Buenos aires. Esto parece risueño ahora, cuando los impuestos de Córdoba ingresan a la AFIP o al IVA, y toda autorruta o construcción trascendente debe efectuarse con la ayuda nacional. Pero en aquella época significaba la independencia de la provincia dentro de una confederación, en el sentido artiguista. Vale decir dentro de una confederación de provincias, donde cada una de ellas conservase su independencia provincial, como es en los EEUU en este momento. Es decir, se hablaba de una independencia relativa, donde cada provincia  cedía algunas prerrogativas, como el control de la  política  internacional, la posibilidad de  declaración de la guerra o  la aceptación de paz , y el comercio internacional,  dependiendo todo lo demás de la provincia.  La forma de expresar esta declaración de Díaz, quizás podría ser discutible para algunos. Y sin embargo, dentro de su sencillez, es extraordinariamente clara: “La provincia de Córdoba queda enteramente separada del gobierno de Bs.As. y cortada  toda comunicación y relación con la misma”. Podría  haber dicho tal vez que quedaba separada del gobierno, como lo dijo, pero que “posteriormente sería conversable alguna cesión mutua de derechos y responsabilidades”. Destacamos una vez más, que todo esto se dio en los momentos finales del régimen de Alvear, y cuando nadie tenía posibilidades de adivinar cómo terminaría el movimiento de Fontezuelas. Cuando Álvarez Thomas se hizo cargo del gobierno, nadie, en Córdoba ni en Buenos Aires, recordó la disposición del 7 de abril.  

A partir de este momento, Córdoba quedó incorporada  a la Liga Federal, en ese momento bajo el protectorado de Artigas. 

Uno de los primeros actos del nuevo gobierno fue publicar un bando y en el mismo se  hablaba de: “los principios de liberalidad, que no permiten  a un gobierno la mezquina política   de los tiranos de  mantener en la ignorancia los acontecimientos susceptibles  de influir en la suerte de los pueblos”. Tal vez  esto pueda parecer un poco complejo, pero se refería en esencia,  a que en algún cenáculo porteño se estaban decidiendo cosas que podían  influir en las Provincias Unidas, sin que el interior fuese tan siquiera informado de lo que se estaba discutiendo. Mucho menos, de quiénes eran los que sugerían las soluciones que se adoptaban.  

Entre los temas a considerar, estaban nada menos que las delegaciones diplomáticas enviados de Sarratea, Belgrano y Rivadavia para lograr  que esta fuera nuevamente  una colonia  bajo la égida de los borbones en la persona de Francisco  de Paula, hermano menor de Fernando VII.  Y también se refería a la gestón iniciada por Alvear  en 1815  por la misión de García para convertir estas  tierras en un protectorado o en una colonia inglesa. De eso aquí en Córdoba no se tenía por supuesto  ni idea, ni tampoco en la Banda Oriental, Tucumán, Salta o Mendoza.  A eso se refería Díaz como lo había hecho. Y si bien la expresión no era muy clara, el pensamiento que originaba el escrito, era más que justificado.  

 

Como ya dijimos, el 30 de marzo, el gobernador que había renunciado, el general Francisco Antonio Ortiz de Ocampo,  trató de retirar su renuncia, intento que no le fue aceptado. De  manera que a pesar de haber sido  designado el 29  de marzo, Díaz pudo asumir recién el  31, después de que el 30  le rechazaran a Ocampo el retiro de su renuncia .  

El 3 de abril se produjo el levantamiento de Fontezuelas, cuando Ignacio Álvarez Thomas envió una serie de documentos  y  una proclama al Director Supremo, Carlos María de Alvear, negándole obediencia. Pero aferrado al poder y posiblemente cegado por su juvenil concepto de potestad absoluta, Alvear no renunció, tratando de contraatacar para de alguna forma  mantener su Directorio , o al menos prolongarlo. En este momento, por un brevísimo lapso, Buenos Aires aparentaba reconocer su aislamiento casi total frente a las provincias. Pocos días  después, concretamente una semana más tarde, el día 15 de abril, se produjo en Buenos Aires el levantamiento de Soler que derrocara a Alvear.  

Desde luego este movimiento fue ayudado  por el Cabildo porteño. Preguntémonos ¿Quién presidía el Cabildo de Buenos Aires en ese momento? Nada menos que el suegro de San Martín, don Manuel Antonio Escalada. Esto explica  un movimiento interno  que de otra forma es difícil de interpretar. Y  entonces recordamos que uno de los aliados de Álvarez Thomas en su levantamiento contra Alvear fue precisamente  San Martín desde Mendoza y otro, Rondeau en el Norte. Todo estaba perfectamente coordinado. 

En Córdoba se produjo otro Cabildo Abierto en ese momento y se recibieron las noticias del derrocamiento del gobierno con grandes plácemes, ya que Alvear era considerado un  tirano. Basta recordar aquella  resolución firmada por Alvear  en el que se condenaba  a muerte sin juicio previo a todos los que conspirasen en contra del gobierno, exactamente lo que hizo, en el S. XX, nuestro presidente, el día 31 de agosto de 1955, para tener un punto de referencia. 

En Córdoba se produjo algo en ese momento que si no se tiene en cuenta  todo lo que  estamos diciendo resulta poco menos que incomprensible. Porque cuando había subido Díaz al gobierno, y con  el objeto de no tener que llamar ante nuevas consultas a  un Cabildo Abierto, mecanismo ciertamente engorroso, se había designado a un grupo de veinte personas para que asesorase al gobernador. Dijimos también  que ese conjunto de gente en cierta forma constituía una especie de Poder Legislativo o cámara de notables  que podía cumplir una cofunción gobernante . 

En ese momento, esa Junta de notables que había sido elegida pocos días antes, fue eliminada,  porque había contado con la aprobación de Alvear. Parecería que ahota  todo lo que tuviera alguna relación con el pasado inmediato no era bien visto. Esos  veinte fueron reemplazados por un grupo mucho más pequeño, que estuvo constituido por los Sres. Norberto del Signo, José  Antonio Cabrera (de gran importancia y que luego sería enviado ante Artigas), Miguel del Corro, Juan Antonio  Sarachaga y Jerónimo de Salguero de Cabrera y Cabrera. Como se ve, el apellido “Cabrera”, todo un símbolo de postura mediterránea, brillaba en la nómina de designados. 

 

 

JOSÉ JAVIER DÍAZ Y JOSÉ GERVASIO ARTIGAS 

Aquí en Córdoba por la misma época se vivían también  situaciones especiales.  Acababa de ser elegido gobernador por una “revolución civil” José Javier Díaz. ¿Quién era José Javier Díaz?. Vamos a guiarnos frecuentemente desde ahora por el libro llamado “El Coronel José Javier Díaz y la Verdad Histórica”, escrito por su bisnieto, el Dr. Alfredo Díaz de Molina. José Javier Díaz era revolucionario desde los primeros momentos. Cuando el Cabildo de Córdoba quedó en acefalía por el alejamiento del Gobernador Juan Gutiérrez de la Concha siguiendo a Liniers el 31/7/1810, quedó como Presidente del Cabildo transitoriamente el 1/8/1810 don Dalmacio de Allende. El 11/8/1810 Córdoba fue ocupada militarmente por el Coronel Francisco A. Ortiz de Ocampo.  

Don José Javier Díaz fue quien ese momento entregó el mando militar  de la ciudad al coronel Ortiz  de Ocampo . Después de la gobernación de Ortiz de Ocampo que duró solamente hasta el 16/8/1810,  fue designado gobernador el coronel Juan Martín de Pueyrredón, quien en 1816  sería designado Director Supremo.  

En el año 1811, José Javier Díaz era presidente  de la Primera Junta revolucionaria de Córdoba,  que poco después sería suprimida. Y en el año 1815, fue designado como el primer gobernador elegido libremente.  Fue el momento en el que desfilaban aquí por las calles de Córdoba las banderas de Artigas. 

Volvamos ahora a 1815. Se decidió entonces enviar un delegado oficial del gobierno cordobés a Artigas. Antes habían sido designados oficiosamente, a título personal.  Para cumplir la decisión, cada circunscripción, cada parroquia,  nombró por elecciones un delegado, y  entre todos  designaron a quien  sería  el enviado. Como resultado,  el gobernador juntamente con estos delegados, nombraron a José Antonio Cabrera.  

Desde la iniciación del gobierno de José Javier Díaz surgió un problema que después terminaría muy mal, al punto que el gobernador tuvo que retirarse del  gobierno un año y medio después, pues gobernó desde el 31/3/1815 hasta el 23/9/1816. El Cabildo era partidario de Artigas pero tenía puntos de vista diferentes. Y para demostrar su independencia se  negó a participar de la designación que acabamos de recordar.  

Por otra parte, en el lapso de su desempeño, empezó a observarse un disenso existente entre el gobernador Díaz y Artigas, con respecto al Congreso de Tucumán.  José Javier Díaz  no había sido zarandeado aún por el gobierno de Buenos Aires, al revés de Artigas que sí había sufrido agresiones y cambios de rumbo en forma constante. Díaz tenía confianza de que algo bueno podría salir del congreso,  lo que felizmente se confirmó con la  Declaración de la Independencia. 

En cambio Artigas tenía la  idea de que lo mismo que había sucedido en 1813 con el rechazo de sus delegados, podía volver a suceder. Y efectivamente, con subterfugios, se demoró, y finalmente se impidió, un acuerdo que permitiera el envío de delegados al Congreso por parte de Artigas. No solamente eso : también se impidió la incorporación de Isasa, delegado de Córdoba por ser artiguista, y del norteño Moldes, por la misma y otras razones. 

En la obra “El Coronel José Javier Díaz y la verdad histórica”, de Díaz Molina,  Ed. Platero SRL, impresa en Buenos Aires, en 1984,  pueden leerse los siguientes párrafos (págs. 68-69): “El Coronel Díaz comisionó ante Artigas al  Lic. Antonio Cabrera,  y le  extendió el poder el 2 de junio de 1815 para que de acuerdo  con dicho señor general transe, dirima y corte toda y  cualquier diferencia que haya embarazado, embarace o pueda embarazar el  reconocimiento espontáneo del nuevo  gobierno  instalado en el pueblo de Buenos Aires” (el de Ignacio Álvarez Thomas)  “procurando remover cuantos obstáculos sean impeditivos en la  más pronta reunión del Congreso General (el de Tucumán),  sobre las bases más sólidas y  análogas a los intereses a la causa común y  en particular de esta provincia  hacia  su actual independencia como a las sucesivas formas que puedan adoptarse hasta la resolución  del mencionado congreso.” Obsérvese que  estas instrucciones son impartidas por quien muy poco tiempo antes había declarado a la provincia “independiente del gobierno” de Buenos Aires. Y sigue en  un documento que le escribe a Artigas: “Es indecible el  sentimiento que ha producido en mí la nota de no haberse verificado entre V/S y el gobierno de Buenos Aires la transacción que se esperaba y deseaba como V/S me  comunica en su oficio del 18 pasado”. En efecto: La entrevista Pico-Rivarola a la que se refiere Díaz, fue una de las varias gestiones que hizo el gobierno de Buenos Aires con el objeto de  secesionar la Banda Oriental del resto del país, a lo cual Artigas siempre se opuso.  Y seguimos leyendo: 

“Manifiesta el Cnel. Díaz que por encima de las  diferencias particulares y domésticas están  la  sagrada lucha de la independencia nacional”. Esta idea de la Independencia Nacional, que preveía iba a salir del Congreso de Tucumán,  era absolutamente fundamental en el pensamiento de Díaz,  y debe tenerse muy presente porque de otra forma podemos interpretar como doblez de su parte algunos  actos en que, después, al menos aparentemente se separaría de Artigas. Y en la parte final de su nota expresa textualmente: “Este es el tiempo en que cada uno se halla autorizado para  reclamarlo enérgicamente ante el Congreso nacional”.

 

 

CÓRDOBA Y EL CONGRESO DE TUCUMÁN . Dr. Rafael Garzón 

Una muestra, al menos aparente de federalismo, es que Álvarez Thomas efectuó la convocatoria al Congreso de Tucumán, al parecer solicitando un consenso nacional. Sin embargo este federalismo era muy relativo, y duró poco, porque el Cabildo de Buenos Aires, sin consulta alguna a las provincias, preparó una Asamblea Electoral y designó Director de las Provincias Unidas, también  sin consulta alguna,  a Rondeau, y eligió como  Interino, hasta que éste lleguase del Norte, a Alvarez Thomas. Al mismo tiempo se redactó el  Estatuto  Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata”,  allí en el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires. Finalmente Álvarez Thomas juró ante la Junta de Observación, como representante de las Provincias Unidas,  aceptando el poder como legítimo gobernante, sin consulta alguna a las provincias. 

José Javier Díaz auspició el Congreso  de Tucumán,  reservando eso sí, la soberanía  interior de  la provincia de acuerdo al concepto de Artigas. De acuerdo a este ideario, había que construir una república libre e independiente bajo la organización de una confederación y  era necesario reservar la  soberanía de cada provincia. Todo esto mientras Artigas organizaba el Congreso en Arroyo de la China,  ciudad que actualmente lleva el nombre de Concepción del Uruguay.  

En ese momento, por consiguiente, se organizaban dos congresos: el de Artigas y al mismo tiempo el de Tucumán . ¿A qué se debía esta dualidad.? A que Artigas tenía una gran desconfianza de Buenos Aires, más aún después del ofrecimiento de secesión que se le había efectuado. Recordaba lo que había pasado en 1813, cuando habían  rechazado sus delegados a la Asamblea,  y de ninguna manera quería prestarse a ser  manoseado políticamente” una vez más. 

En esa época se produjo, ya lo adelantamos, un disenso importante entre dos hombres de peso. José Javier Díaz era  artiguista, desde luego y el Jefe reconocido del movimiento federal era Artigas.  Pero éste, lo acabamos de ver, no quería asistir al Congreso de Tucumán. En cambio  Díaz se dio cuenta de que un punto de reunión en donde se confrontaran ideas era necesario.  

Sabiendo que el artiguismo estaba en el poder en Córdoba gracias a su influencia desde el 29/3/1815, Artigas podría haber solicitado u ordenado a Córdoba que no mandara  delegados a Tucumán, pero no lo hizo.  Más aún: podría haber amenazado avanzar desde Santa Fe sobre Córdoba,  como fue la iniciativa primera de él para imponer a José Javier Díaz. Pero Artigas no amenazó a Díaz, aceptando su disenso. De esta forma Córdoba enviaría delegados a Tucumán y Artigas no. 

 

EL CONGRESO DE TUCUMÁN

 Empecemos a recordar quiénes no estuvieron representados, y quiénes  sí, en Tucumán. 

No estuvieron: Paraguay, Uruguay, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, a pesar de que cuando Viamonte invadiera Santa Fe y lograra poner un gobierno títere, inmediatamente nombró a un delegado. Pero esta victoria fue muy efímera.  

En cambio sí estuvieron: Buenos Aires, Tucumán, Salta, San Juan, Córdoba, Mendoza, San Luis, La Rioja, Catamarca, Charcas y Misque.  ¿Y Santiago del Estero?. Ésta era representada por Tucumán, y  en realidad Catamarca también lo era.  Del Alto Perú participaron, dos ciudades, Charcas y Mizque.  Estos altoperuanos,  a quienes  Tomás de Anchorena, delegado porteño, llamara los “cuicos”, iban a transformarse en los aliados  de Buenos Aires, que derrotarían posteriormente las posturas del  interior del país.  

Veamos qué nos dice Carlos Ibarguren del momento en que Belgrano promovía la idea de una monarquía incaica en Tucumán, citando palabras de Anchorena, uno de los delegados de Buenos Aires: “El Gral. Belgrano que acababa de llegar de la misión que había desempeñado en Europa, fue invitado a una reunión reservada del Congreso el día 6 de julio (1816),  para que informara sobre la política y las ideas dominantes en aquel continente. Ese  día tuvo lugar una sesión secreta en la que Belgrano expresó en síntesis lo siguiente:  Que la revolución de América que había merecido  un alto  respeto de las potencias, lo había perdido por el  desorden y la anarquía continuada que  sufría y que no podía contar con protección alguna” (efectivamente , esto era cierto si recordamos que en 5 años, desde 1810 a 1815 , había tenido 6 gobiernos y además varios conatos de revolución). “Que  por un completo cambio en lo relativo a formas de  gobierno, dominaba en ese momento la monarquía  y estaba en derrota la idea  republicana y que “conforme a estos principios  en su concepto la forma de gobierno más conveniente en estas provincias, sería la de una monarquía temperada, llamando a la dinastía de los Incas por la justicia  que en sí envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada  del trono”,  todo lo que convocaría “el entusiasmo general  de los habitantes del interior con sólo la noticia de un paso hacia  ellos tan lisonjero.” Al  oir esto- escribe burlescamente el Dr.  Tomás M. de Anchorena-  los diputados de Buenos Aires y algunos otros más “nos quedamos  como atónitos por lo ridículo y extravagante de la idea; pero  viendo que el general insistía en ella y sin  embargo de varias observaciones que se le hicieron de pronto aunque con  mucha medida porque vimos brillar el  contento de los  diputados cuicos (esos diputados “cuicos”, los del Norte son los que posteriormente van a sostener a los porteños en su enfrentamiento con Artigas, y  van a permitir que el Congreso se traslade a Buenos Aires),”y en otros representantes de las provincias, tuvimos entonces que callar  y disimular el sumo desprecio con que  mirábamos tal pensamiento, quedando al mismo tiempo admirados  de que hubiera  salido de la boca del Gral. Belgrano. El resultado de esto fue que al instante se entusiasmó toda la  cuicada y una multitud considerable provinciana de congresales  con  tal calor que los diputados de Buenos  Aires tuvimos que manifestarnos tocados por igual entusiasmo para evitar una  dislocación general en toda  la república.... Pasado el primer calor se hizo sentir lo despreciable que era  tal pensamiento”   y el grave Dr. Anchorena dejó su  seriedad para  ridiculizar el proyecto del Gral. Belgrano que de  realizarse hubiera tenido, decía él  “un monarca  de la casta de los chocolates cuya  persona probablemente tendríamos que  sacarla  borracha y cubierta de andrajos de alguna  chichería para colocarla  en el elevado  trono de un monarca”. 

En unos cuantos renglones ha sido posible  sintetizar todo el desprecio posible  hacia una raza que, para el puerto, vinculado permanentemente a las “razas superiores” ,  era  indiscutiblemente, inferior. 

Analicemos brevemente quiénes eran esos diputados “cuicos” a quienes se desestimaba de esa manera. Ellos eran: 

El Dr. José Severo Feliciano Malabia, diputado por Chichas. Nacido en Chuquisaca en 1787, se doctoró en jurisprudencia en 1811. En 1811 había sido asesor del gobierno y teniente. El 5/8/1816, en el Congreso de Tucumán, pronunció un importante discurso sobre la forma de gobierno a adoptar. Era monarquista y votó, en su momento, por la coronación en las Provincias Unidas del duque de Luca. El 6/8/1816 presentó un proyecto sobre arbitrios, aceptado por el Congreso sin enmiendas.En octubre de 1816 fue elegido viepresidente del Congreso. En 1823 fue secretario del Gobernador Las Heras y comisionado por el gobierno para presentar al virrey del Perú una propuesta de paz. 

El Dr. Mariano Sánchez de Loria, diputado por Charcas: Nació en Chuquisaca en 1777 y estudió leyes en esa Universidad hasta obtener el grado de Doctor en Jurisprudencia. Intervenía constantemente en los debates aportando ideas e iniciativas propias. Con toda frecuencia integraba diferentes comisiones de trabajo en el cuerpo. Posteriormente, al quedar viudo, se retiró del mundo y se hizo sacerdote. 

El Dr. José Mariano Serrano, diputado por Charcas: Nació en Chuquisaca en 1788, estudiando abogacía en Charcas y graduándose en 1811. Fue delegado a la Asamblea de 1813 por la ciudad de Chuquisaca. Fue secretario del Congreso de Tucumán, juntamente con el Dr. Juan José Passo. Presidió el Congreso en Buenos Aires en 1817. En 1825 fue presidente de la Asamblea que declaró la independencia del Alto Perú. Fue en su momento ministro plenipoteciario boliviano ante el gobierno argentino, y luego presidente de la Suprema Corte de Justicia de Bolivia. 

El Dr. Pedro Ignacio de Rivera, diputado por Mizque: Nacido en 1753, se doctoró en Derecho en Charcas en 1793. Fue elegido diputado a la Asamblea del año 1813 por Charcas. Fue designado en Julio/1817 presidente del Congreso en Buenos Aires, cuando el cuerpo ya había sido trasladado. Buenos Aires honra su recuerdo con una calle. 

El Presbítero Dr. José Andrés Pacheco de Melo, diputado por Chichas: Nació en Salta en 1778. Estudió en Córdoba en 1801 el sacerdocio. En la Universidad de Charcas se doctoró en “Cánones”. Presidió el Congreso, ya en Buenos Aires, en abril de 1818. En 1822 fue designado Ministro de Gobierno en Mendoza. Una calle del coqueto Barrio Norte de Buenos Aires, lleva su nombre. 

Esos eran los “cuicos” a quienes se refería Tomás de Anchorena. Todos hombres capaces y dedicados,  doctores en leyes, homenajeados en actuales calles capitalinas. Ellos fueron finalmente un importante soporte de la política porteña, ya por su vocación monárquica o por su deseo de colaboración constante, que los llevara a la vicepresidencia o presidencia del cuerpo. 

Mientras tanto funcionaba ya el Congreso de Tucumán, en donde los delegados porteños se encontraban “en la cuerda floja”, pues habían salido con instrucciones desde Buenos Aires, pero los mandantes al parecer habían cambiado de opinión. Lo único que podían asegurar  era que “los cabecitas negras” no los querían, lo que era por demás evidente, y que de todas formas había que intentar proteger las prerrogativas del puerto. 

En ese momento se otorgó  a un delegado por Córdoba, Miguel Calixto del Corro, distintas funciones diplomáticas. El día 28 de marzo de 1816 debía tratar en lo posible de resolver el disenso que existía entre Güemes y Rondeau, lo que no  era simple, ya que el general Rondeau había declarado “traidor” a Güemes, lo que significaba, en tiempos de guerra,  su sentencia de muerte. 

Por otra parte, el 13 de abril de 1816, del Corro estaba ya en Santa Fe, ante Artigas, intentando solucionar los conflictos con la capital y el 20 de  abril tendría que ir a Paraguay con el objeto de  que éste  enviara delegados  al Congreso de Tucumán. Dicho sea de paso, si esta gestión se hubiese realizado y hubiese sido exitosa,  Paraguay posiblemente no se hubiese secesionado definitivamente. 

El día 26 de abril de 1816, el congreso urgió  la designación de un nuevo Director Supremo. El 2 de mayo se leyeron los documentos del Cabildo o Ayuntamiento de Buenos Aires, en donde se expresaba la renuncia de Álvarez Thomas. Al día siguiente el Congreso de Tucumán designaba a un nuevo Director Supremo: Juan  Martín de Pueyrredón. 

 

 

DELEGADOS CORDOBESES AL CONGRESO DE TUCUMÁN 

José Javier Díaz envió a Tucumán al mismo diputado que antes enviara a José Gervasio Artigas, Dr.  José Antonio Cabrera. Mientras tanto,  a fines  de 1815 realizó un censo de la campaña cordobesa que tenía en ese momento  52.688 personas.  

Muy poco tiempo después, el día 24 de marzo de 1816, comenzaría el Congreso de Tucumán. El acontecimiento fue saludado en Córdoba con diversos homenajes: fiestas, luces, música, bebida. La festividad fue costeada privadamente por el gobernador José  Javier Díaz  y también por los miembros del Cabildo, quienes sufragaron todos los gastos. Córdoba consideraba la realización del congreso como una victoria provincial, tal como seguramente lo consideraba también Salta. 

El 11 de abril de 1816 Díaz envió otro diputado a Tucumán, lo que le correspondía por el número de habitantes. Se llamaba José Manuel de Isasa, “acérrimo partidista de Artigas”.  Como es fácil presumir, allí lo recibieron de la peor forma posible y ni  tan siquiera lo dejaron incorporarse. Algún historiador dice al respecto: “La camarilla unitaria lo rechazó”. 

Entonces: ¿Quiénes fueron los delegados de Córdoba a Tucumán? El Dr. José Antonio Cabrera, el Canónico Dr. Miguel Calixto del Corro, don Eduardo Pérez Bulnes  y el Dr. Luis Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera. Dos descendientes de don Jerónimo Luis de Cabrera de los cuatro, por supuesto todos federalistas.  

Vamos a recordar con dos palabras algunos atributos de nuestros representantes. 

El Dr. José Antonio Cabrera nació el 28/11/1768. Además de ser su padre don Nicolás Cabrera, descendiente del fundador de Córdoba, su madre era doña Tomasina Allende, enraizada con una familia de rancio abolengo cordobés. Estudió en el Colegio del Monserrat, egresando en 1785. Fue designado representante de Córdoba en la Asamblea de 1813. El Dr. Cabrera se opuso a lo que consideró manejos inadecuados dentro del Congreso de Tucumán, expresando en escritos la “parcialidad” que se observaba en el mismo. Defendio su acusación documentadamente el 12/9/1816. Posteriormente intentó evitar el traslado del Congreso a Buenos Aires, oponiéndose tenazmente a lo que finalmente se concretara, terminando en la constitución fracasada de 1819. Al ser derrotado en esta posición de protesta, se retiró a la vida privada, muriendo en 1820. 

Don Eduardo Pérez de Bulnes, nacido en 1786, apenas producida la revolución de 1810, se enroló como miliciano de Córdoba. En 1811 fue nombrado Regidor del Cabildo y en 1814, Intendente General de la Policía. Representó a Córdoba en el Congreso Constituyente de 1826 en Buenos Aires. 

El Canónico Dr. Miguel Calixto del Corro estudió en el Colegio Monserrat y en la Universidad de San Carlos, doctorándose en Teología en 1793 y abrazando el sacerdocio en 1800. En 1809 fue Catedrático en Teología y el 25/5/1811 pronunció un importante sermón patriótico en la iglesia Catedral de la ciudad. 

Luis Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera estudió Derecho Civil en la Universidad Mayor de San Carlos. Se graduó de bachiller en 1796.  En 1812 fue designado Procurador de Córdoba y en 1815, Ministro de Hacienda del gobierno de José Javier Díaz. Fue Vicepresidente del Congreso de Tucumán durante Junio de 1816. 

Del Corro no llegó a firmar el Acta de la Independencia por haber sido comisionado por el Congreso para intentar evitar la guerra entre Santa Fe y Buenos Aires. 

Cabrera, delegado por Córdoba, se opuso hasta el final al traslado del Congreso a Buenos Aires. Y como contrapartida, al ser trasladado, el presidente del cuerpo en junio de 1817 fue un altoperuano, el Dr. José Mariano Serrano,  ¿Y quienes fueron los representantes de Salta? Fueron impuestos por Güemes: el coronel José Moldes, Mariano Boedo y José Ignacio Gorriti. Moldes era un personaje que vale la pena recordar , porque se lo consideraba un importantísimo representante federal y  en base a su capacidad y a sus antecedentes comenzó a subir en el “status” político de la época, al punto de que algunos lo consideraban  como un eventual candidato a Director Supremo. Por  supuesto no lo admitieron como delegado en el Congreso. Era sumamente peligroso. Podría convencer a alguien, opinar, ser elegido para algo importante. Y, ya lo vimos, tampoco admitieron a Isasa, delegado por Córdoba, por ser decididamente artiguista.  

Pero mientras todo esto sucedía en Córdoba, ¿qué pasaba en Tucumán, donde estos mismos problemas debían discutirse políticamente? Por de pronto, debemos destacar  una vez más la importancia de la  ausencia de los delegados de Artigas en Tucumán. 

 Todo lo arbitrariamente resuelto en la reunión, no podría haberse aceptado en Tucumán si hubiera habido  más representación artiguista. Los cordobeses y salteños estaban solos. Los delegados defensores de la causa  federalista allí en Tucumán, eran pocos: los de Córdoba y los salteños. Entre estos últimos estaba José Moldes, quienno llegço a incorporarse, y  llegó a decir que tratar de frenar el federalismo era algo así como intentar “frenar un huracán con un sombrero”. Moldes era considerado un candidato serio para Director Supremo, y por esa misma razón no fue aceptada su incorporación bajo diferentes pretextos, que luego veremos. Otros dos delegados  salteños eran Mariano Boedo y  José Ignacio Gorriti, quienes se incorporaron y pudieron pelear desde adentro.  

Fue en esa  circunstancia, cuando en una ejemplificación más  de   la doblez  y la hipocresía  que se seguía en ese momento en la política del Congeso, el cuerpo envió a Miguel Calixto del Corro para tratar de acordar con José Gervasio Artigas el envío de sus diputados al Congreso, lo cual de entrada nomás, restaba un voto artiguista a las decisiones. Inesperadamente, del Corro logró convencer a Artigas de enviar sus representantes, lo que no habían conseguido los enviados de Díaz. Esto sucedió  el día 9 de abril de 1816 y posteriormente reiterado el 28 de mayo del mismo año. Pero esto era solamente una primera batalla. Cuando el congreso se dio cuenta de las consecuencias imprevisibles de aumentar la capacidad de decisión artiguista, se  provocó un revuelo, tratando de evitar el tremendo riesgo enunciado. Obviamente, la invitación no había sido sincera.  

Entonces quedó bien en claro que la insistencia en incorporar al Congreso a los diputados de Artigas, no pasaba de ser sólo un ardid, sólo otra máscara que disimulara los verdaderos deseos centralistas. Y así, con distintas argucias, empezaron a dilatar resoluciones, para lograr la fórmula que impidiese en el momento final el acuerdo, disimulando la responsabilidad de los intransigentes. Y finalmente se llegó a la solución, mediante una propuesta salvadora. La iniciativa, que fuera aprobada por el Congreso para impedir el ingreso de los delegados orientales sin prohibirlo, fue presentada por un delegado de Buenos Aires (¡cuando no!) llamado Gazcón. Y éste proponía que antes de dar ingreso a los diputados de Artigas, el caudillo debería jurar  la validez del Congreso de Tucumán, allá en  el Litoral, para dar a la asamblea toda la autoridad  que la misma investía, quedando, por consiguiente, atado a sus resoluciones. Esta exigencia se adoptó  sabiendo que Artigas no la aceptaría jamás, pues su experiencia le indicaba el peligro de firmar un cheque en blanco. Y esa fue la ponencia  aprobada por el Congreso de Tucumán.  

Mientras tanto, Eduardo Pérez Bulnes, uno de los delegados de Córdoba en Tucumán,  insistía en distintas oportunidades para que se discutiera globalmente el problema del ingreso de los delegados artiguistas, en base a la invitación formulada por el representante enviado por la corporación. Pero sin lograr éxito alguno.  

Efectivamente, el delegado Eduardo Bulnes se vió derrotado sin posibilidad alguna de  presentar sus argumentos . Pero hubo una segunda batalla. El día 25 de agosto Eduardo Pérez de Bulnes en el Congreso, defendió a su hermano levantado en Córdoba, informando las razones por las cuales había llevado adelante esa actitud. En esencia, en ese instante, se transformó en el  abogado defensor de Juan Pablo. La argumentación básica de Eduardo era que su hermano era un insubordinado rebelado contra un desobediente, que no tenía autorización alguna  para invadir Santa Fe. Por consiguiente, en esencia, Juan Pablo habría apoyado al gobierno para luchar contra fuerzas que le habían desobedecido, actuando por decisión propia. Pero esa argumentación no tuvo ninguna validez, desde luego.  

El 2 de septiembre de 1816 se ordenó además  a José Javier Díaz no intervenir en La  Rioja, que en esa época dependía de la gobernación de Córdoba. Exactamente al revés de lo resuelto en Santiago, cuando se impidiera que Santiago del Estero se separase de Tucumán, y se terminase fusilando a Borges. Pero, claro, la decisión se adoptaba según pudiera convenir al centralismo. 

Cabrera, se opuso hasta el final al traslado del Congreso a Buenos Aires. Y como contrapartida, al ser trasladado, el presidente del cuerpo en junio de 1817 fue un altoperuano, el Dr. José Mariano Serrano.   

El  día 28 de mayo de 1816 Miguel Calixto del Corro hizo firmar un tratado de paz entre los  diputados de Santa Fe,  Pedro Larrechea  y Cosme Maciel y los  delegados porteños González Balcarce, José Miguel Díaz Vélez, Mazza y  Salcedo. Es decir que el acuerdo  de Santo Tomé fue ratificado nuevamente.  El 7 de junio de 1816 el director Interino González Balcarce informó  lo acontecido en Santa Fe al Congreso. El 10 de junio el Congreso trató la nota de José Javier Díaz sobre lo informado  por Miguel Calixto del Corro en nota del 29 de mayo en que  decía haber conferenciado con José Miguel Díaz Vélez, uno de los enviados por Buenos Aires, y acordado pasar a la Banda Oriental para entrevistar a Artigas y arreglar de una  vez todo tipo de diferendo. Recordemos una vez más que Díaz Vélez era uno  de los enviados  por Buenos Aires para  ratificar el acuerdo de Santo Tomé. 

 

DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA

  

Naturalmente  había hombres en Buenos Aires que participaban de los ideales federales y  deseaban la integridad nacional  en igualdad de todas las provincias integradas en un pacto federal. Pero esto no era un concepto  aceptado por todos.  

El día 9 de Julio se declaró la Independencia de España. Pero diez días después, el 19 de julio, el diputado Medrano, nacido en la Banda Oriental, ante la invasión portuguesa, solicitó se agregase a  la declaración de independencia de España, de  Fernando VII y su  descendencia, una frase significativa : “y de toda otra dominación extranjera, hasta con la vida, haberes y fortuna”.  

El que redactó el Acta de la Independencia del 9 de julio, fue José  Manuel Serrano, altoperuano, diputado por Charcas, y uno de los Secretarios del Congreso, juntamente con el Dr. Juan José Passo. Serrano fue comisionado para traducir el acta de la Independencia al aymará y quechua.  

Serrano presidió el Congreso en 1817, cuando fue trasladado a Buenos Aires, donde pudo ser manejado a gusto por el puerto. La desconfianza de Artigas estaba, se comprueba, más que justificada. ¿Y qué estuvo haciendo  el Congreso allá en Buenos Aires durante tres años?. Estuvo redactando una constitución  que ya en ese momento  se considera  unitaria” y que el Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, trató de obligar  a hacer firmar y jurar a  todas las provincias. El Gobernador Castro, salteño, lo hizo acá en Córdoba. 

 

EL CENTRALISMO 

Efectivamente, el Congreso nacional, llegado el momento, sería dominado por porteños y alto peruanos, con más votos. Esto permitió rechazar las diputaciones de Isasa y  Moldes sin dar explicaciones válidas. En realidad lo que ellos deseaban era conservar el poder de decisión, lo que  finalmente aseguraron descaradamente, trasladando  el Congreso de Tucumán a la capital, durante tres años. Sigue diciendo Alfredo Díaz Molina: 

Éste es el tiempo en que cada uno se halla autorizado para  reclamarlo ante el  Congreso Nacional que es  el juez que debe determinar nuestras controversias, y este  augusto tribunal será el que a cada provincia,  a cada pueblo y a cada ciudadano  dará lo que corresponda”. Esta frase pinta a un José Javier Díaz como un ingenuo, como un iluso bien intencionado. 

Una vez más, tal como sucediera en la Asamblea de 1813, veremos que se produjeron diferentes acontecimientos que salvo por la declaración de la independencia, terminarían en un intento centralista más, con una Constitución Unitaria en 1819, “tan monarquista como fue posible”. Por de pronto  el que redactó las Actas del Congreso de Tucumán fue Fray Cayetano Rodríguez, porteño y centralista como el que más, cuyo nombre debería ser permanentemente  recordado, aunque no demasiado bien, en la  Historia Argentina, porque llegado el momento llegó a ocultar cinco documentos que no transcribió en Actas, e increíblemente, aunque muchos guardan un piadoso silencio sobre esta circunstancia, las Actas Originales del Congreso de Tucumán fueron “extraviadas”, o sustraídas. El responsable de su redacción y cuidado era Fray Cayetano Rodríguez. Así, todo lo que recibimos, es de segunda mano. Pero no nos adelantemos, ya veremos todo esto, en detalle, más adelante.  

Así, en el Congreso de Tucumán, las Actas originales, y a esto vale la pena subrayarlo, fueron sustraídas. ¿Cómo fue esto posible?  Porque el propio Redactor del congreso tenía una parcialidad muy manifiesta para destacar o silenciar lo más adecuado de acuerdo a sus propias convicciones. Dicho  redactor era por cierto, porteño: Fray Cayetano Rodríguez . A él se deben muchos silencios inexplicables.

 

ACCIÓN DEL REDACTOR, FRAY CAYETANO RODRÍGUEZ

 

Todo lo que sucedía iba quedando de alguna forma documentado  en el Congreso de Tucumán, con un pequeño detalle: el secretario de Actas hacía lo que deseaba. En efecto, el redactor del Congreso,  Fray Cayetano Rodríguez mostró públicamente el oficio del diputado del  Corro y cinco documentos de Artigas en donde se  demostraba que éste estaba dispuesto a enviar  delegados al Congreso de Tucumán. Pero eso sí:  esos  documentos desaparecieron misteriosamente, y no quedó constancia de ellos en ningún lado y tampoco  fueron  citados posteriormente. Nadie supo lo que decían, ya que el redactor fray Cayetano Rodríguez no los presentó nunca para ser  leídos, ni los transcribió, ni dejó de ellos constancia alguna.   

Ante la nueva alternativa, que disminuía la capacidad de maniobra de los delegados porteños,  los representantes de  Buenos Aires resolvieron dar largas a la incorporación de los delegados de Artigas. Y efectivamente, pidieron  un tiempo para estudiar el problema, obviamente para dificultar la aprobación de los acuerdos con Artigas.  El día 22 de junio, Esteban Gazcón  propuso entonces una fórmula dilatoria poco amable: que antes de seguir adelante, Santa Fe volviendo atrás sobre su postura anterior, se aviniese a enviar previamente un delegado al Congreso y además reconociese al mismo públicamente. Díaz de Molina relata las alternativas vividas en esos días, mencionando que el  6 de julio Fray Cayetano Rodríguez se vió  obligado a hacer declaraciones. Transcribimos el pensamiento de Díaz de Molina (págs. 78 y 79): 

No nos extrañemos pues  que en las sesiones del Congreso del 6 de julio  se recibiesen pliegos de Buenos Aires de los  que se lamenta el “Redactor” Cayetano Rodríguez donde se expresa queaquella capital  renunciaba  expresamente con la mayor generosidad  a  la gloria de  presidir como tal a las otras provincias”. Si esto se hubiera concretado  hubiera sido el fin de muchos males de la Argentina de todas las épocas, que aún perduran. Esperemos que no sea para siempre. Y sigue la cita: “Y quería reducirse a una  de las varias que  forman la Unión gobernándose y arreglando por sí misma su administración interior ofreciendo  contribuir  con toda clase de auxilios a la defensa común, ordinarios  y extraordinarios, que quepan en sus esfuerzos y  protestando la adopción de esta medida como un  remedio a los desórdenes nacidos de las  continuas  quejas y querellas de los pueblos contra la capital, acusándola de despotismo”. A esto lo dice Fray Cayetano Rodríguez. Detalla también las bases de esta reforma en cinco artículos que el redactor Cayetano Rodríguez oculta  diciendo que “no son necesarios transcribir y que interesa olvidar.” Podemos así comenzar a explicarnos el secuestro y destrucción de documentación de gran trascendencia, hecho tendiente a desfigurar para todos los tiempos la Historia Argentina. Entonces comprendemos la sustracción de las actas originales del Congreso de Tucumán.  

El día 25 de julio se aprobó  la Bandera Argentina y aquí una vez más  aparece claramente la deformación de la realidad, tal vez manejada a voluntad por el Redactor fray Cayetano Rodríguez, que era el encargado de la transcripción de lo resuelto. El color de la bandera argentina es azul-celeste y blanco. El 26/1/1814 la Asamblea Nacional, a la que acostumbramos a referirnos como la Asamblea del Año 13, bajo la presidencia en ese momento del sacerdote Valentín García, y con su firma, aprobó el uso de la bandera mencionando expresamente que sería “bicolor, blanca en el centro y azul a los costados, terminados en una borla de oro, como distintivo de su elevada representación”. Para Rodríguez, el color de la bandera resuelto en 1813, era “celeste”, igual que el de el ideograma de la Sociedad patriótica, constituida para expulsar a los provincianos de la Junta Grande a sus provincias.  

La dura posición antiartiguista de los delegados en Buenos Aires en el Congreso creó el 1º de agosto de 1816 un conflicto final entre Artigas y el puerto que vamos a recoger de  Alfredo Díaz Molina quien dice textualmente (pág. 80): 

“A esta altura de los acontecimientos se llega al proceso final del conflicto entre el Gral.  Artigas en representación de la Banda Oriental y de Santa Fe y el gobierno de Buenos Aires. Transcribimos textualmente al redactor del congreso, Fray  Cayetano Rodríguez en la sesión del 1º de agosto de 1816. En la parte que nos interesa dice así: “Luego se leyeron dos oficios notables del diputado del Congreso don Miguel del Corro. El primero, en que con fecha del  19 de julio (de 1816) desde la  ciudad de Santa Fe avisa que en los momentos  en que se decidía el Gral. Artigas  a enviar diputados  al Soberano Congreso terminando con este acto las pasadas discordias, había variado repentinamente de ideas en razón de  no  haberse ratificado  los tratados de Santa Fe (Santo Tomé),  de haber regresado a Buenos Aires los diputados que los celebraron y prometieron pasar a la Banda Oriental  a tratar con dicho general y  por haberse presentado en el Río  Paraná una escuadrilla cuya conducta  era sospechosa, ocurriendo al mismo tiempo la  noticia de la expedición portuguesa, de quien  se persuadían   los orientales venía de acuerdo con el gobierno de Buenos Aires avanzándose  a pensar que la iniciativa de ese pueblo hacer de mancomún una vigorosa defensa  era una pérfida acechanza”. Y agrega Fray Cayetano (hasta qué punto dice Díaz de Molina “se remonta la malicia cuando  se renuncia a la buena fe”)  , y  termina su oficio el Dr. del Corro insinuando  que en este estado no había podido recabar otra cosa que la negativa oficial que acompaña  en copia autorizada, juntamente con  los oficios y contestaciones dadas por él,  juzgando por todo  esto ser infructuosa su  marcha al Paraguay, de donde fundamentalmente  espera  la misma respuesta,  razón por la que determinó retirarse de Santa Fe.”

 

 

BUENOS AIRES Y SANTA FE 

Buenos Aires había actuado con respecto a Santa Fe de una manera muy especial. Recordemos que la gobernación de Buenos Aires se extendía  por toda Santa Fe, y hasta el Chaco, que estaba en poder de los indios. También por todo el Litoral, vale decir, Entre Ríos, Corrientes, y Misiones  pertenecía a Corrientes de manera que todo el Litoral era dominio de Bs.As. , hasta la creación de las provincias separadas de Entre Ríos y Corrientes. También era la dueña de toda la Patagonia,  y después de 1880 pareció seguir actuando conforme a esta hegemonía.  

Tenía una idea  muy clara: en primer lugar, había que usar el puerto de Santa Fe en beneficio propio, es decir de Buenos Aires. En segundo término, había que imponer a Santa Fe contribuciones que por cierto no tenían nada de voluntarias, y que consistían en caballos, en dinero y en hombres, lo que se hizo también en Córdoba, tantas veces como fue posible. Además, abría o cerraba el puerto de Santa Fe de acuerdo a la conveniencia porteña, a veces creando inclusive una  aduana entre Bs.As. y Asunción  del Paraguay, que recaudaba en beneficio de Buenos Aires.  

Lógicamente esto no le  gustaba para nada a Santa Fe, que se veía obligada a resistirse a esta situación  simplemente porque Buenos Aires tenía fuerza, tenía  ejército y Santa Fe no . A su vez, con un sentido muy  elemental de la geopolítica de aquella época, Buenos Aires sabía lo que quería y era directamente utilizar  a Santa Fe eternamente en beneficio propio. Dicen a propósito Washington Reyes Abadie y colaboradores: “A la sagaz penetración de la oligarquía porteña no escapó  la importancia del problema, como se revela  en esta frase de una carta de Larregueira a Guido: “Si Santa Fe se pierde, es decir si se une a Artigas, Buenos Aires  sufrirá en su aduana y comercio,  y en la consideración y en preponderancia  sobre las demás  provincias, pues dejará de ser puerto preciso y seguro de ellas.”   

Es decir, como vemos, Santa Fe era absolutamente indispensable para que Buenos Aires conservase   todo su poder Pero Santa Fe tenía muy pocos hombres, porque habían sido absorbidos por los ejércitos porteños, y  entonces se vio obligada, a través de intermediarios artiguistas, a llamar a Artigas. Éste ya dominaba la Banda Oriental, Corrientes, Misiones y Entre Ríos. Estamos hablando del año 1815. Artigas dominaba este amplio territorio, bajo una enseña muy especial, la bandera artiguista, que no era otra que la argentina, azul y blanca, con una franja roja que la atravesaba.  

Cuando pudo, Buenos Aires, previniéndose de una posible separación, mandó a un Teniente Gobernador, desde luego,  pro porteño a Santa Fe que se llamaba Coronel  Eustoquio  Díaz Vélez. Lo primero que hizo éste  fue parlamentar con un artiguista muy importante,  Eusebio Hereñú, pero no logró nada en este intento. Un hermano de Artigas  que se llamaba Manuel Francisco, pasó desde la  Banda Oriental, con sus fuerzas, a Entre Ríos, ocupando  las ciudades de Cayastá y San Javier. Y comenzó a intentar acuerdos con los aborígenes guaraníes  para invadir Santa Fe y sumarlo a las fuerzas de Artigas, cosa que logró. Se  obtuvo así una conjunción que prácticamente rodeaba a Santa Fe.  

Desde el norte, amenazaban  Manuel Francisco Artigas y Andrés Latorre.  Desde el río, los barcos  de Hereñú, que venían desde la Banda Oriental y desde La Bajada. Pero desde Corrientes, podían atacar otras embarcaciones, lanchas corsarias al mando de un francés llamado Louis Lanche. Y al mismo  tiempo, en la misma ciudad de Santa Fe había artiguistas  importantes, entre los cuales estaba la familia Vera.  Uno de ellos, Mariano Vera, empezó a conspirar activamente contra el gobernador. No tuvo nada de extraño entonces, que se produjese  un desastre en las fuerzas  porteñas posesionadas de Santa Fe, y el día 24 de  marzo de 1815, cayó la ciudad en poder de los grupos artiguistas. Éustoquio Díaz Vélez el día 28 de marzo, huyó con tropa desarmada, por el río Coronda pero  fue tomado preso y Candiotti le consiguió  un salvo conducto que le permitiera  retornar a Buenos Aires.  

Llamo la atención sobre esta circunstancia: Holmberg y las fuerzas porteñas que venían a luchar contra  Artigas, tenían  la orden de sentenciar a muerte a  los oficiales artiguistas y a diezmar a los suboficiales, pero una orden similar es algo que no se da  en ningún momento desde las fuerzas artiguistas.  El día 2 de abril de 1815, fecha muy  importante porque fue un día antes de Fontezuelas, el Cabildo nombró Gobernador Interino a Francisco Antonio Candiotti, amigo de Artigas, y se juró la bandera de éste.  El 26 de abril de 1815,  se  confirmó a  Candiotti por un Congreso reunido en la Aduana de Santa Fe. Artigas pasó a Santa Fe con 50 hombres, con el objeto de brindar su apoyo y hacer conocer a todos que Santa Fe  quedaba integrada a la Liga de los Pueblos Libres.  Mientras tanto, Hereñú iba hacia Santo Tomé. El día 3 de abril se produjo Fontezuelas, bajo el liderazgo de Álvarez Thomas, quien no es muy  conocido por nuestra historia escolar.  

Había nacido en el Alto Perú,  en la ciudad de Arequipa, hoy, República del Perú, donde hay una placa en la parte delantera de la Municipalidad de esa ciudad que  dice así: “En esta casa nació  día 16 de febrero de 1780, el prócer de la  independencia de América, General del Ejército y Director Supremo de la República Argentina, 1815”.  

No pone la fecha de Fontezuelas, porque la misma configuró un sacudón al poder porteño, al gobierno centralista y por cierto  los peruanos actuales no tienen interés alguno en participar en polémicas históricas. Agrega la placa: “Ignacio Álvarez Thomas.  Homenaje de la Municipalidad de Arequipa del Sr. Alcalde.  Arequipa, 15 de agosto de 1953”. Es entonces como vemos, arequipeño, y tuvo una serie de iniciativas al principio, muy loables, pero luego hizo un giro de 180º, inexplicables a menos de aceptar un poder, detrás del suyo, que le impidiera concretar su rumbo inicial y que lo convenciese de mantener una conducta antiartiguista. 

Y aquí debemos comenzar a recordar algo  que comentáramos al comenzar este escrito.  El 11 de mayo de 1815 Álvarez Thomas invitó a Artigas  a negociar, enviando dos delegados: el Cnel. Blas José de Pico y el Dr. Francisco Bruno de Rivarola.  

La llamada entrevista Pico-Rivarola tuvo lugar durante  los días 16 y 17 de junio de 1815 en la Goleta Fortuna frente a Paysandú.  

La postura de Artigas, que hemos detallado más arriba, ofrecía un pacto de alianza defensiva y ofensiva con todas las  provincias. Pero además, Artigas en esa reunión solicitó reparaciones de guerra que Buenos Aires debía reconocer: dinero, devolución de armas, municiones y  bombas que los porteños habían llevado de Uruguay, lanchas cañoneras y también una imprenta. Además, bienes confiscados a los orientales y las exacciones del año 1814, deberían ser devueltas. Por último, Buenos Aires debería reconocer una deuda de doscientos mil pesos que debería pagar en dos años y debía abonar lo que había confiscado para abastecer al ejército porteño: trigo, ganado y bienes en general.  

El 17 de julio los delegados porteños Pico y  Rivarola  ofrecieron a Artigas por escrito la  contestación de Buenos Aires en ese momento. Y esto es textual:Buenos Aires reconoce la independencia de la Banda  Oriental del Uruguay renunciando a los derechos  que  por el antiguo régimen le  pertenecían. Corrientes y Entre Ríos quedan en libertad de elegir o  ponerse bajo la protección del gobierno que gusten”.  

Ambas posiciones eran inadmisibles para el interlocutor. Como consecuencia de  este fracaso, el día 18 de junio Artigas escribió a  Ignacio Álvarez Thomas una frase que demostraba el fin de la “luna de miel” política: “He visto reproducido en V/ excelencia los principios detestables que  caracterizaron la conducto del gobierno anterior”. Posiblemente ya las logias habían comenzado a asesorar. 

Entre dos gobiernos normales que intentan evitar la reiniciación de una guerra civil, pero aún en tiempos de paz, algún arreglo habría sido lo razonable , pero en ese momento  el gobierno  de Buenos Aires se preparaba ya, modificando su anterior postura pacifista,  para  invadir de inmediato el territorio artiguista. Y efectivamente, entonces Buenos Aires envió un ejército contra José Gervasio Artigas que desembarcó en Santa Fe, bajo las órdenes de Viamonte.  

En ese momento se encontraba muy comprometida la salud el gobernador artiguista Candiotti. Por su estado, nombró un reemplazante: don Pedro de Larrechea, quien  no pudo  hacerse cargo . En primer lugar porque Candiotti, ya agonizante, murió el día 28 de  agosto y en ese momento, habían ya desembarcado las fuerzas de Viamonte en Santa Fe el día 25 de agosto.  

Y en ese momento, Álvarez Thomas, olvidando completamente lo establecido por los documentos del 3 de abril que lo llevaran al poder,  nombró gobernador reemplazante de Candiotti a don  Juan Francisco Terragona,  quien vendría a ejercer las funciones de Teniente Gobernador. En ese momento empezaron a producirse en Santa Fe, por la invasión de Viamonte, los abusos más tremendos, acompañados de violaciones, asesinatos y robos, quedando dominada la provincia por las fuerzas porteñas. Se habla así del “terrible azote” que representaba para la provincia de Santa Fe en ese momento la dominación porteña. Los hombres de Viamonte eran, en ese momento 1.500, y desde luego se impuso sólo por la fuerza y el terror .  

Como consecuencia, esto determinó posteriormente la sublevación de Mariano Vera, Cosme Maciel y Estanislao López, ayudados desde luego por Artigas. Pero antes de todo eso, cuando Viamonte lograra dominar a la provincia de Santa Fe, se sintió tan fuerte e invencible, protegido por el palio de su arrogancia,  que cometió un error, enviando parte de su tropa, 400  hombres, al Alto Perú, luego de la derrota de Sipe-Sipe, y además otros 400 hombres a San Martín en Mendoza.  Para tratar de compensar en algo este debilitamiento, ordenó una nueva leva de  130 santafesinos. Al mismo tiempo Eustoquio Díaz Vélez fue a San Nicolás y allí con un batallón de cívicos y  un cuarto batallón de dragones, logró reorganizar su ejército.  

El  día 15 de enero de 1816, Viamonte mandó  la Compañía de Negros Nº 10 al Alto Perú, lo que debilitó nuevamente a las fuerzas locales . Y el día 3 de marzo de 1816 comenzó a manifestarse una rebelión armada contra el jefe porteño. Al día siguiente, 4 de marzo de 1816, Viamonte  perdió un bergantín y una lancha armada. Además casi diariamente  su ejército se veía envuelto en entreveros y lucha de guerrillas.  Desde el 11 al 23 de marzo de 1816 los hombres de  Artigas, bajo la dirección de Vera, comenzaron a intervenir en forma directa y el 31 de marzo la plaza de  Santa Fe fue ocupada por los artiguistas y  Viamonte capituló, cayendo prisionero de las fuerzas contrarias. Recordemos ahora las órdenes que traían Holmberg y las fuerzas invasoras de Buenos Aires: Eliminar a los  artiguistas más importantes y  al propio Artigas”. Veremos luego qué sucedió a Viamonte cuando cayó prisionero. 

Decíamos entonces que  Vera que era quien se había levantado en Santa Fe, derrotó a Viamonte y debió decidir qué hacer con los prisioneros. Y resolvió dejarlos en libertad, pero requisando sus armas. Se estableció un acuerdo bajo estas normas. Pero los soldados de Viamonte,  no sabemos si con orden de éste o no, rompieron los fusiles antes de entregarlos, y si no pudieron hacerlo, los tiraron a un pozo. No  obstante esto, Artigas después dejó libre al general Viamonte. 

 

El día 28 de mayo  de 1816 se reconoció la autonomía de Santa Fe basada en una  constitución a dictarse. Vale la pena  recordar en este momento que Belgrano era tío de Álvarez Thomas. Belgrano habría  convencido a su sobrino de la necesidad de instalar en estas tierras una monarquía , siendo rey un Inca, y reina una princesa portuguesa. De esa forma quedaría todo políticamente arreglado. Esto por cierto trascendió en los medios políticos de Buenos Aires y determinó el desprestigio de Belgrano y del Director Supremo, quien había aceptado al parecer la sugerencia  de Belgrano. El poder detrás del poder , no lo aceptaba.

 

 

LA INVASIÓN LUSITANA 

En 1816  Manuel José García y  Nicolás de Herrera, dos delegados del gobierno de Buenos Aires, habían ya arreglado para que las tropas lusitanas invadieran la Banda Oriental para destruir la postura democrática y republicana de Artigas y esto se conocía en círculos reservados. 

A  todo esto Artigas ya conocía la invitación a  Portugal para invadir la Banda Oriental  por la gestióa de los delegados porteños.  

González Balcarce, director Supremo Interino, que reemplazara a Ignacio Álvarez Thomas, al principio proclive a un entendimiento con el caudillo, había sido convencido  por el delegado Manuel José García de la conveniencia de la invasión  lusitana a la Banda Oriental. Posiblemente las Logias habían tomado contacto con él. A su vez, García afirmaba que los brasileros no iban a crear ningún problema, y al contrario iban a  resolver uno importante, liquidando a Artigas. Y también aseguraba que los portugueses no pretenderían  ocupar nada  del resto del territorio argentino.  Recordemos sin embargo que alguna vez Diego de Souza habría deseado  utilizar como  límite entre Brasil y  Argentina el Río  Paraná, no el río Uruguay . 

Llegó por fin el momento de la invasión portuguesa, cuyo protagonismo estaba reservado a las tropas que habían combatido contra Napoleón en Europa, que allí ya no cumplían función alguna. El 24 de junio de 1816 se pusieron en marcha soldados que  habían sido preparados el día 12 de junio del mismo año: cuatro mil  hombres. Y se produjo la invasión en Maldonado, con avance  hacia Montevideo. Esto determinó una gran indignación en Buenos Aires, cuya población nada sabía de logias y convenios secretos. Y llevó finalmente a  la renuncia de González Balcarce, a pesar de que inicialmente se negaba a presentarla, ya que había sido convencido de la legitimidad de las razones esgrimidas por García.  

Pero el  Cabildo lo declaró cesante y nombró una  Comisión gubernativa en donde había sólo  dos miembros: Francisco Antonio de  Escalada y Matías Yrigoyen. Mientras tanto hbía ya un nuevo director Supremo, Pueyrredón, quien estaba en el Norte, inspeccionando el ejército y  entrevistándose  con San Martín.

 

 LA RENUNCIA DE JOSÉ JAVIER DÍAZ 

 

En 1816  la situación en el Río de la Plata era muy difícil. En primer lugar estaba  restaurado Fernando VII en el gobierno. Además, el General  Morillo, al mando de un poderoso ejército, se decía vendría al Río de la Plata para combatir la revolución. Finalmente fue enviado a Nueva Granada, con lo cual Venezuela y Colombia sufrieron graves reveses en la lucha libertaria. Al  mismo tiempo se había producido la derrota patriota en Chile, en la batalla de Rancagua, con lo cual el país cayó nuevamente bajo el poder realista.  Pero además,  a todo lo dicho, había que agregar el nuevo comienzo del avance portugués en la Banda Oriental.   Y en el Norte, las derrotas de Venta y Media y Sipe Sipe. Ante estas circunstancias, Rondeau pidió ayuda a José Javier Díaz solicitando el envío de pertrechos, expresándose así: “Cada comunicación de v/ Señoría abre mi  alma a las esperanzas más lisonjeras; en cada  una de ellas se ve el interés más enérgico, los homenajes más puros, los progresos del  ejército de parte de esta tan benemérita como  decidida provincia. Algún día la misma podrá  recibir las demostraciones expresivas de todos  los hombres libres”. 

Sin embargo, Córdoba estaba ya exhausta. En la misma época, el Gobierno de Buenos Aires, después de haber producido el avance portugués, solicitó ayuda para enfrentarlo. Y poco después el Cabildo cordobés (Ayuntamiento) contestó:  Enterado este Ayuntamiento del oficio que dirige el Supremo  Director del Estado a este  gobierno al efecto de que se remitan  tres mil hombres en calidad de reclutas  para  aumentar el ejército de la patria que debe resistir las tropas  portuguesas que naturalmente tratarán de atacar esta Banda Occidental,  siempre que logren arruinar la Banda Oriental y  cuyas fronteras ya habrán  forzado según noticias contestes, ha creído esta corporación propio de su  constitución presentar  a v/ señoría los motivos de imponente energía que tuvo presentes para  calificar el  acta testimonial que acompaña la imposibilidad notoria en que se halla esta provincia, Córdoba, de contribuir con la dotación de tropas que previene su  excelencia. El ingente número de seis mil doscientos  y más hombres que ha dado hasta el día de la fecha  esta provincia en auxilio de los ejércitos de la patria, han  debilitado su población hasta el punto  de encontrarse oyendo  incesantemente los clamores de la campaña, exhausta ya de  brazos para las interesantes operaciones de  labranza y crianza de ganados”. 

Vale decir, la ciudad de Córdoba, que tiene diez mil habitantes en 1810, de alguna forma había sacado 6.200 hombres jóvenes de la ciudad y del Norte de la provincia, donde había más habitantes, ya que el sur estaba despoblado y bajo control aborigen. Aparte de eso, Córdoba había enviado tres mil caballos y mulas de silla, de manera que la ayuda había sido importante y permanente. 

En el gobierno de Álvarez Thomas, José Javier Díaz ante las circunstancias que hemos venido describiendo, envió nuevas instrucciones a su enviado en Buenos Aires. Las nuevas instrucciones  que Díaz encomendó  a Cabrera para que éste se las transmitiera a Álvarez Thomas  se encuentran en un documento cuyo artículo 2º decía: “Se propone una alianza ofensiva y defensiva con Buenos Aires”. 

Y el artículo 3º establecía que Córdoba sería neutral en un disenso entre dos provincias, y lo que era  dable prever en ese momento era un conflicto, entre la Banda Oriental y Buenos  Aires.  Esto es difícil de interpretar. 

¿Cuál  habrá sido la actitud de Álvarez Thomas, ante este nuevo paquete de instrucciones de Díaz? Simplemente desconoció al enviado, y también a las instrucciones. Ignoró toda la gestión diplomática, no le dio ninguna importancia, y esto,  porque ya había enviado un delegado de Buenos Aires a Córdoba, el comandante Ambrosio Carranza, para tratar de “arreglar de alguna forma  con el Cabildo de Córdoba, que más de una vez había manifestado su disenso con José Javier Díaz, soslayando al gobernador para que el ayuntamiento lo reemplazase y surgiera del propio cuerpo un nuevo gobernador. Y no solamente eso sino que para agraviar más todavía al delegado cordobés, Álvarez Thomas lo intimó a salir de la capital en 24 horas,  “desnudo de la representación que desmerece”.  Ante esta circunstancia Alfredo Díaz de Molina se expresa como sigue (pág.  73): “El dictador unitario por su propia cuenta, pretendía despojar  al Dr.  Cabrera de su investidura. Éste  le contestó por escrito en tono altivo manifestándole que se engañaba al  creer que su sola autoridad podía degradar ni su persona ni su reputación, las que dice bien conocidas en  este pueblo y fuera de él”. Y termina diciendo:  No marcharé sino cuando se me den los pasaportes  en el modo y forma que corresponda  a mi alto carácter y representación”. Y ahora transcribimos el comentario final de Díaz de Molina:  Álvarez Thomas no tuvo otra salida  que respetar los fueros del doctor Cabrera”. 

Cuando el Congreso de Tucumán eligiera a Pueyrredón como Director Supremo, José Javier Díaz expresó en ese momento su desacuerdo, por el apuro de la elección, ya  que había otro director interino designado anteriormente,  José González Balcarce.  

El día 26 de mayo, Díaz dijo en el Cabildo que la  elección de Pueyrredón era grave, por no haber un estatuto que limitase sus facultades. Recordemos a todo esto que el último Estatuto aceptado en Buenos Aires, el de 1815,  impediría al nuevo Director Supremo,  Pueyrredón elegir a dedo a los gobernadores de las provincias. 

En esta época se produjo una nueva invasión porteña a Santa Fe a cargo de Díaz Vélez, lo que determinó en Córdoba una reacción inmediata, pero dispar . Seguimos a partir de este momento la crónica del levantamiento de Juan Pablo Pérez de Bulnes para luchar contra la invasión porteña, según lo expresado en la “Crónica de Córdoba” por Ignacio Garzón.  Bulnes, con comando de tropas, solicitó el apoyo del gobernador Díaz para enfrentar a los porteños a fin de ayudar a Santa Fe. José Javier Díaz se negó a colaborar con Bulnes, quien se encontraba acompañado en su postura por diferentes oficiales: José Argüello, Cipriano Argüello, Cruz Castro, Vicente Torres , Antonino Bulnes, José Cipriano Castro, José Narciso Castro y José Pons. Ante ese levantamiento, Díaz se decidió a elevar su renuncia ante el Congreso de Tucumán. A su vez los sublevados se dirigieron al Cabildo, solicitando recursos para el ejército en armas, y solicitaron se declarase vacante el cargo de gobernador.  

El Cabildo solicitó el asesoramiento de cuatro profesores de derecho, quienes afirmaron que estando en funciones el Congreso en Tucumán, no correspondía al Cabildo de Córdoba asumir postura con respecto al problema existente en Santa Fe. Por otra parte, el Congreso había ya elegido a  un Director Supremo. Manifestaba el Cabildo, de igual manera, que la renuncia presentada en su oportunidad por el gobernador Díaz era ilegal, por lo que no correspondía resolver sobre la vacancia del cargo. Luego de esta resolución, los oficiales insurrectos aceptaron las razones brindadas. El gobernador Díaz se dirigió al Cabildo el 7/8/1816 anunciando que los oficiales desobedientes se  habían “retirado a sus casas”. 

Luego de lo expresado, Bulnes se dirigió al gobernador Díaz el 22/8/1816 solicitando un Cabildo Abierto que resolviese sobre la eventual ayuda de Córdoba a Santa Fe. Dicho Cabildo Abierto tuvo lugar el 23 de agosto y según dice Ignacio Garzón “el pueblo dispuso que a fin de deliberar con libertad, se alejaran a veinte leguas de distancia las fuerzas complotadas”. Se designaron a dos delegados del Cabildo para conversar con las fuerzas militares. Poco después los enviados regresaron anunciando que los soldados para retirarse exigían 300 caballos y tres mil pesos. Cuando se cumplió con lo solicitado, las fuerzas se retiraron a los Ranchos (Villa del Rosario). 

El 26 de agosto/1816, en otro Cabildo Abierto, se resolvió que “delegados de los ocho cuarteles” (actualmente diríamos “barrios”) resolvieran todos los problemas derivados de la sublevación. Y de acuerdo a lo resuelto, el 27 de agosto, el gobernador Díaz se dirigió a los alcaldes de los ocho cuarteles, dándoles instrucciones a fin de cumplimentar la resolución del cabildo. Dichos delegados estuvieron de acuerdo en que existiendo en funciones un Congreso general en Tucumán al cual el pueblo de Córdoba había enviado delegados, ese Congreso debía resolver en situaciones como las planteadas. A su vez, el 30/8/1816 Juan Pablo Pérez de Bulnes se dirigió al Cabildo tratando de “tirano” al gobernador Díaz y anunciando su “ruta a Santa Fe” a cumplir “compromisos” contraídos por Díaz con Artigas. El Cabildo solicitó informes a Díaz sobre los compromisos existentes, pero José Javier Díaz el 9/9/1816 negó terminantemente la existencia de dichos compromisos, invitando al Cabildo a preguntar a los delegados cordobeses ante Artigas sobre la existencia de dichos convenios. Ante esta invitación, el Cabildo solicitó informes a los ex diputados enviados ante Artigas, quienes negaron tener conocimiento de pacto alguno.   

Como una consecuencia de todo lo que hemos venido narrando, en julio de 1816 el general  portugués Lecor invadió la Banda Oriental.  Poco después, Pueyrredón solicitó 3.000 soldados a Córdoba. 

Dice Ignacio Garzón en su “Crónica de Córdoba”: “Aún no habrían los capitulares acabado de firmar la precedente nota” (en la que se explicaban los motivos de la negación del envío de 3.000 reclutas para enfrentar a los portugueses) , cuando recibieron otra del Director (Pueyrredón) ordenando que asumiera el gobierno de la provincia el Ayuntamiento...” 

Preguntó el Cabildo a Díaz, presente en la sesión en que se recibiera la nota, si había renunciado a su cargo, a lo cual el gobernador aclaró que había renunciado en mayo ante el Congreso, y que por haber sido elegido en un acto popular, el Director por sí solo no podía removerlo. 

Pueyrredón pretendía que  el Cabildo de Córdoba asumiera el gobierno y que el Alcalde de Primer voto fuera designado gobernador, desplazando a José Javier Díaz. Como  se ve, de nuevo el gobierno central se consideraba con  potestad absoluta y podía poner a dedo a quien quisiese.  

El día 12 de septiembre de 1816 Díaz escribía al Cabildo:  No obedezco la orden  de dejar el gobierno porque yo he sido elegido por el pueblo  y ratificado por el Congreso de Tucumán”. El Cabildo consultó con su asesor, el Dr. Ortiz del Valle. Y del Valle opinó que “sólo el Congreso podía dirimir el problema, siendo por consiguiente nulo  cuanto hiciere el Director”. El cabildo de Córdoba aceptó este dictamen. Esta argumentación, para Buenos Aires, era muy pobre. 

Para complicar más la situación, el comandante Bulnes volvía se Santa Fe con 200 hombres en esos días. Como había existido previamente un importante disenso entre Díaz y Bulnes, Díaz se aprestó para la lucha. El 17/9/1816 Díaz se dispuso atacar a Juan Pablo Bulnes. Pero el 18 de septiembre hubo un principio de acuerdo entre ambos,  que no se concretó  ante la  exigencia de Díaz de que Bulnes se entregara incondicionalmente. Por ese motivo Bulnes decidió al día siguiente atacar a las fuerzas de Díaz. Y efectivamente , en “los altos de la ciudad” (el barrio de Alta Córdoba) se produjo el enfrentamiento que terminó con la total derrota del gobernador.  José Javier Díaz  se refugió en Santa Catalina y así Bulnes pudo  entrar en Córdoba con 400 milicianos. El Cabildo ofreció entonces a estas fuerzas y al  propio Bulnes dos mil pesos e invitó a Díaz  a regresar al gobierno. Éste dijo que no lo haría mientras Bulnes y sus hombres estuviesen  en Córdoba, desmereciendo su autoridad. 

Esto posibilitó, según Antonio  Zinny, que Bulnes fuera gobernador hasta el 21 de septiembre. Mientras tanto, el día 14 de septiembre  el Congreso de Tucumán había aceptado la renuncia de Díaz y había designado al suegro de Bulnes, Ambrosio Funes como gobernador, lo que se supo en Córdoba el 23 de septiembre. Tanto el ex gobernador Díaz como el nuevo gobernador Bulnes, aceptado por Zinny, y el Cabildo acataron la resolución del Congreso.  Según  Zinny, Bulnes habría sido gobernador desde el 18 hasta el 21 de septiembre, pero rotula a Bulnes de “dictador”, por bases argumentales que no se digna explicitar. 

Repetimos que Ambrosio Funes, el nuevo gobernador, era suegro del comandante Juan Pablo Pérez de Bulnes, a quien reemplazaba. La Historia no comenta si se produjeron disensos familiares ante los hechos acaecidos. 

BIBLIOGRAFÍA  

DÍAZ DE MOLINA, Alfredo: El coronel José Javier Díaz y la verdad histórica. Platero SRL., Buenos Aires, 1984. 

GARZÓN, Ignacio: Crónica de Córdoba. Edic. La Minerva, Córdoba, 1895. 

IBARGUREN, Carlos: En la Penumbra de la Historia Argentina. Colección Histórica Americana. Unión de Editores Latinos SRL., Buenos Aires, 1995. 

NÚÑEZ, Ignacio: Noticias Históricas. Orientación Cultural Editores, Tomo II, pág. 201, Buenos Aires, 1952. 

ZINNY, Antonio: Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas. Hyspamérica, Buenos Aires, 1987.